Noche de lluvia (segunda parte).

calle1

Las luces se fueron tornando tenues a sus espaldas, y en tanto avanzaban la lluvia enfurecía. Abandonaron los suburbios, dejaron atrás una pequeña zona industrial desolada, y llegaron a las afueras de la ciudad. Avanzaron como espectros en la noche, sin compartir palabra alguna, hasta que arribaron al río, donde la niña se detuvo.

¿Donde vamos? – Preguntó la pequeña con marcada preocupación en la voz.

Vamos a mi casa – repuso Malcolm, haciendo un esfuerzo por vocalizar. Y al ver que la niña no retomaba la marcha añadió – Esta lloviendo mucho, es mejor esperar allí hasta que pare.

Un bravo torrente surcaba la cuenca en otrora vacía de la riera, llevando consigo el polvo y la mugre que el diluvio arrancaba de las calles. Y sobre aquellas negras aguas reposaba dormido un antiguo puente de piedra abandonado. La modesta construcción había caído en desuso tras la obra del nuevo viaducto, mucho más grande y moderno, que fue colocado al norte, hacía ya una década. Desde entonces el niño rata usaba el puente como refugio habitual, y hacia allá se encaminaron.

Descendieron por una resbaladiza pendiente de barro, y se metieron bajo el puente. A un lado de éste había un oscuro agujero de algo más de un metro de alto, y se encontraba totalmente fuera del alcance de las aguas que por allí bajaban. Malcolm indicó a la niña que lo siguiera al interior de la cueva, y los dos se metieron dentro agachando la cabeza.

El túnel estaba totalmente a oscuras y era profundo, anduvieron un rato, siguiendo las paredes con el tacto, hasta que llegaron a una especie de estancia con el techo algo más alto.

No veo nada – protestó la niña. – ¿Es que no tienes luz?

Malcolm la miró, la veía perfectamente, pero al parecer ella no veía nada. Estaba con la espalda apoyada en la pared, alargando los brazos, tratando de escrutar las tinieblas. Sus ojos bailaban sin encontrar nada más que oscuridad. Ni siquiera sabía donde estaba él. Su pequeña invitada se encontraba tan indefensa que podría alimentarse de ella incluso sin tener que matarla primero. Malcolm se excitó, y comenzó a fantasear con lo que podría hacerle. Podría arrancarle fácilmente la cara de un zarpazo, o agarrarla de los tobillos y tirarla al suelo para que su cabeza se rompiese contra la piedra. También podría acercarse a ella lentamente, sin hacer sonido alguno, y desgarrarle el cuello de un mordisco…

Tengo miedo – Confesó la niña – ¿Dónde estas? No te vayas, no me dejes sola que no veo nada.

Estoy aquí – Dijo el vampiro. Delante de ti.

La niña alargó la mano y lo cogió del brazo. Malcolm notó su calor, le sintió el pulso, podía oír el fuerte latir de su joven corazón, y se imaginó la sangre corriendo por sus venas, roja, veloz, viva…

Tengo frío y estoy cansada, vayámonos de aquí por favor, este sitio no me gusta. – Dijo la niña.

Esta es mi casa – Repuso Malcolm.

Pues es horrible – Contestó ella. – No hay luz, ni ventanas ¡Ni siquiera hay puerta!

Malcolm se quedó anonadado, esa niña estaba criticando su casa, y lo peor es que él no encontraba argumento alguno para rebatirla. Tal vez si dominase mejor el lenguaje podría intentarlo, pero las palabras de la niña se le clavaron en la cabeza como estacas. No hay luz, ni ventanas, y ni si quiera hay puerta. Tenía razón, aquella niña tenía razón. Pero eso no quería decir que estuviese en lo cierto respecto a si debían ir a otro lugar, y lo cierto era que a Malcolm le gustaba su casa.

A mi me gusta mi casa. – Dijo lentamente el niño rata – Aquí no entra la lluvia ni entra el sol, y la gente no sabe donde está. – Añadió.

Yo creo que las personas no viven en sitios como este, parece la guarida de un animal, ¿Es que duermes en el suelo como un animal? – Inquirió la niña.

Malcolm no supo qué contestar, se sintió acorralado por la razón, y empezó a mover la cabeza compulsivamente de un lado a otro, como buscando una respuesta, una salida.

Tengo frío – Insistió la pequeña.

Malcolm la volvió a mirar como si fuera la primera vez que la veía. Estaba tiritando de nuevo.

Puedes dormir aquí, hay un sofá. Tengo una manta, la puedes usar si quieres. – Resolvió el pequeño vampiro.

Ella se mostró de acuerdo, y aguardó a que Malcolm hubiese regresado con la manta.

La estancia no era muy grande, pero en ella había un sofá de tres plazas, una cajonera, un pequeño armario, y un cráneo humano como único elemento decorativo. El suelo estaba cubierto de diversas prendas de ropa que Malcolm tomaba de sus víctimas.

La niña se acurrucó en el mugriento sofá, y se tapó con la manta. Él se quedo delante suyo, de cuclillas, observándola con curiosidad. Nunca nadie había entrado allí con vida, aquella era su primera invitada. Las acciones del niño rata normalmente estaban guiadas por instintos, y muy rara vez por razonamientos. Pero lo más raro es que la decisión de ayudar a esa niña en lugar de tratarla como una presa fácil tampoco estaba siendo premeditado. Su instinto simplemente le estaba llevando por ese camino.

Pasaron de ese modo unos minutos en silencio. La pequeña invitada había cerrado los ojos, parecía dormida, pero para su sorpresa no lo estaba.

¿Cómo te llamas? – Preguntó de repente la niña.

¿Yo? Malcolm – Contestó el vampiro. – me llamo Malcolm, ese es mi nombre.

Yo me llamo Amy, y tengo ocho años. ¿Cuántos años tienes Malcolm?

No lo sé. – Respondió éste. Y de verdad que no lo sabía, aunque por sus proporciones se le podrían deducir unos catorce años – Nunca los he contado – Añadió. Y sintió una extraña sensación al escuchar la risa de la niña.

Al poco rato Amy cayó en un profundo sueño, y Malcolm permaneció observándola durante el resto de la noche.

Este es un relato de ficción basado en un personaje de ficción creado por mí hace ya unos cuantos años.

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~ por Hexo en marzo 22, 2008.

4 comentarios to “Noche de lluvia (segunda parte).”

  1. ¿No hay continuación?¿Nos vas a dejar con la intriga? ^^

  2. Rara vez termino lo que empiezo, pero creo que esto lo continuaré…

    Gracias por el comentario :)

  3. Sólo decir que Darknihm ha sido escogida para adentrarse con una avanzada en Rasganorte, y está segura de que a Lylon le encantaría explorarlo(en cuanto permitan que cualquier habitante de Azeroth viaje al nuevo continente) ;)
    Los paisajes son preciosos y el territorio es enooooorme.

  4. Muchas gracias por la oferta, pero es que ultimamente tengo muchas cosas en la cabeza y el tiempo un poco justo…

    Por cierto… no me olvido de hacer la continuación… pero es que aún no he tenido un dia inspirado… si es que lo he tenido alguna vez xD

    Gracias de nuevo por acordarte de mi, si vuelvo a las aventuras tu serás la primera en saberlo ;)

    Shorel’aran.

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