Noche de lluvia (primera parte).

snowy_street_by_asynja1La noche había alcanzado ya su plenitud, y las luces de la ciudad se reflejaban mortecinas bajo la colosal bóveda de oscuras nubes que cubría los cielos. La lluvia dibujaba figuras siniestras, resbalando juguetona sobre las fachadas de los edificios, y caía pesada sobre las viejas calles adoquinadas.

Malcolm aborrecía la lluvia, ya que eliminaba sonidos y difuminaba olores, trataba de evitarla siempre que podía, pero esa noche estaba hambriento. Buscaba una victima fácil, alguien sencillo de apresar, que se dejase matar sin oponer demasiada resistencia. Un indigente podría parecer un buen objetivo, pero la experiencia le había enseñado que éstos solían encontrarse ebrios la mayor parte del tiempo, y la sangre alcoholizada le repugnaba.

Asomó la cabeza para comprobar que nadie lo podía ver, olfateó el aire, arrugando la nariz con una mueca. No había nadie. Salió entonces de detrás del contenedor de basura, despacio, con cautela. Caminaba encorvado, con los brazos recogidos y las garras retraídas. Andaba un poco y se paraba, observaba y volvía a andar otro poco, siempre pegado a algo, rozando los muros de las angostas callejuelas, siempre alerta, siempre dispuesto a esconderse, como una rata.

Los faros de un coche lo deslumbraron al doblar la esquina. Y se agazapó tras unas cajas vacías que olían a pescado podrido. El auto se detuvo a media calle, en la acera opuesta, se trataba de un taxi. Esa podría ser su oportunidad. El viajero se apeó del vehículo, cerró la puerta, se alzó el cuello de la gabardina y echó a andar encogido bajo la lluvia. Era un hombre mayor, debía tener más de sesenta años. No obstante se le veía saludable, rechoncho y bien vestido.

El niño rata esperó impaciente a que el coche se hubiese marchado. Siguió observando al anciano, hasta que éste se metió en un portal. Debía actuar rápido, antes de que cerrase la puerta. Lo atacaría por detrás y le rompería el cuello. El viejo nunca se daría cuenta, iba a morir sin enterarse de nada, Malcolm era sigiloso como un gato y la muerte lo amaba.

Pero algo inesperado ocurrió entonces. Cuando ya estaba a punto de salir de su escondite, un relámpago iluminó el cielo y una silueta se dibujó en el suelo. Había alguien detrás suyo, alguien lo había sorprendido por la espalda. Se sobresaltó. Los nervios lo traicionaron al darse la vuelta tan súbitamente, y la pila de cajas tras la que estaba escondido se desmoronó estrellándose ruidosamente en el suelo mojado.

Por eso odiaba la lluvia. Nadie hubiese podido sorprenderlo en circunstancias normales, pero ahora, su olfato y su oído se veían diezmados.

Alzó la vista hacia el inoportuno visitante y se sorprendió al descubrir que se trataba de una niña. Si el corazón de Malcolm aún latiese, a esas alturas ya se habría colapsado.

Lo siento, no quería asustarte – Dijo la niña.

El niño rata la observó perplejo.

Estaba empapada, con los brazos cruzados y tiritando de frío. Llevaba un camisón blanco manchado de barro. Su oscuro cabello caía como una cascada, pegándose a sus mejillas, y enmarcando así un inocente rostro dominado por unos brillantes ojos azules.

La niña no pareció asustarse al ver a Malcolm, y éste se tranquilizó un poco. Era realmente extraño, los pocos que lo habían visto se alteraban de inmediato, los bebés lloraban, los perros le ladraban, y aunque hacía ya muchos años que no veía su imagen reflejada, se creía horrendo y siempre trataba de ocultarse de las miradas humanas.

Mi gato se ha escapado de casa y he salido a buscarlo – Dijo la niña – Pero me he perdido y tengo frío.

La posibilidad de salir corriendo fue la primera que asomó en la cabeza del pequeño vampiro. Pero la mirada de la niña era tan clara y sincera que detuvo sus instintos, y permaneció ante ella un instante más, esperando a que algo le dijera lo que debía hacer.

Ayúdame por favor – suplicó la pequeña.

Malcolm no tenía contacto humano desde hacía mucho tiempo, y nunca hablaba con nadie, aunque supiera hacerlo. Así que no estaba seguro de cómo debía actuar ante tal situación. Se acercó a la niña y la olfateó con detenimiento.

Por favor – dijo de nuevo con lágrimas en los ojos.

Él la miró un instante, y dio media vuelta haciendo ademán para que lo siguiera. La pequeña fue tras él, descalza, con los pies negros y el camisón empapado.

Este es un relato de ficción basado en un personaje de ficción creado por mí hace ya unos cuantos años. La segunda parte la publicaré en cuanto la haya escrito, que supongo será el próximo sábado.

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~ por Hexo en marzo 16, 2008.

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